mardi, février 07, 2006

Don Nicolás y la tienda de hilos



Acabo de volver de la tienda de hilos.
Se trata de una tienda pequeña, metida en una callejuela, bastante escondida, y con muy poca iluminación. Si no la conoces, es prácticamente imposible encontrarla desde la calle.
Es como si quisiera esconderse de la gente que no entiende de hilos. O como si, sólo apareciera para aquellos que han comprendido la verdadera magia de los hilos.

Si entras en la tienda despacio, abriendo la puerta poco a poco, podrás escuchar como la campana, en vez de un “ding dang dong” normal, llena el lugar con una melodía distinta según tu estado de ánimo. Y es cierto, nada de invenciones, he llegado a escuchar un canon, un minué y una polca, en días distintos.

Lo primero que ves es un gran mostrador de madera de roble, que te acompaña a lo largo del pasillo. Tras el mostrador, miles de cajones abiertos, enseñando los colores de las bolas de hilo y lana, que se usan para coser, para bordar, para pescar...
Son estanterías que van desde el suelo, hasta el techo. Los colores van degradados, de mayor a menor intensidad, siguiendo los colores básicos del arco-iris.

Solitarias, dos sillas se muestran, en cuanto avanzas unos pasos.

Y al fondo, él. Nicolás. El dueño de la tienda.

Nicolás tiene unos setenta años, aunque aparenta 50. Tiene una mujer a la que adora, no tiene hijos. Su única vida es la que se esconde entre las paredes de su tienda. Su pequeña tienda de hilos.

En la parte superior de la tienda, Nicolás tiene su casa. Dos habitaciones, un baño, y una cocina. Suficiente para él y su mujer.

Cuando entras en su tienda, Nicolás enciende una cafetera de color azul y plata, que esconde tras la puerta que comunica con su vivienda, y te prepara un delicioso café, que suele acompañar de una chocolatina, envuelta en papel rojo, mientras contempla tu cara, y escucha la melodía, que únicamente la persona que entra, y él, pueden escuchar.

Buenas tardes, niña.
Don Nicolás...

En ese momento, tu rostro se llena de lágrimas, que tratas de esconder detrás de una sonrisa, te giras y disimulas buscando una marca en el inmaculado suelo.

Él espera. Con paciencia. Con ternura. Sabe que los hilos se rompen de vez en cuando, y que es difícil retomar otro. O hacer un nudo.

Siéntate, niña.

Y tras darte la taza, se sienta en la otra silla. Enfrente tuyo. Sin mediación de mesa alguna. Sólo tú y don Nicolás.

La última vez que viniste por aquí te llevaste una madeja de lana de color azul. Azul claro, si mal no recuerdo.

Tú asientes con la cabeza, el café baja caliente por tu interior, sus palabras son tranquilizantes, el ambiente es acogedor.

Y cuéntame... Se te ha enredado, se te ha roto, ¿se te ha agotado?
No lo sé. Ayer, al llegar a casa, me encontré con que ya no sentía nada. Traté de tirar del hilo, y nadie respondía del otro lado. Y sé que sigue ahí, pero no lucha.

Don Nicolás se queda entonces pensativo. Sabe los motivos por los cuales un hilo deja de funcionar, pero no lo dice nunca. Prefiere que la propia persona lo averigüe por sí sola.

La magia entre dos personas, querida niña, está en el hilo que te llevas de esta tienda. Es capaz de unir a dos personas, a pesar de la distancia. Pero no siempre el primero resiste a todo. Hay que saber recoger un poco de vez en cuando, y dejarlo libre, otras muchas. El azul que te llevaste es de muy buena calidad. Tal vez...

Levantas la mirada, que jugaba a mantenerse escondida bajo las manos, que sostienen la taza.

Don Nicolás se levanta, te coge la taza, y tras posarla dulcemente sobre el mostrador, te mira largamente a los ojos. Y continua.

Tal vez, querida niña, el hilo siga ahí, como bien has dicho, pero al otro lado... La persona no está. O tal vez, sí. Esperando a que tires tú.

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3 Comments:

Blogger Fuzzy said...

Echaba mucho de menos estas letras... gracias.

11:29 AM  
Blogger Bergeronnette said...

Gracias a tí, Fuzzy por pasarte.

12:05 PM  
Blogger dragonfly said...

Mmmm, es como recuperar un cuaderno que habías perdido, y según vas recorriendo las páginas, ir recordando frases e imágenes que creías perdidas para siempre.
Besos-

7:53 PM  

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