lundi, février 20, 2006

Las doce de la noche


Faltaban apenas diez minutos para la llegada de la medianoche. Paseaba sin prisas, pensando en el encuentro que tendría lugar en unos instantes. Las calles estaban mal iluminadas en aquella zona. Había dejado atrás, tan sólo unos minutos antes, la gran avenida principal, por dónde, aún circulaba algún que otro coche. Le gustaba pasear en la quietud de la noche, y tanto el sosiego de los ruidos, como la suavidad del clima, provocaban que el paseo fuera suficiente sereno.

Únicamente se encontró con dos personas por la calle.

Una, era un chico joven, vestido con pantalones vaqueros, desgastados según las últimas tendencias. Llevaba un par de cajas de pizza en la mano, y el teléfono móvil, por el cuál iba hablando en la otra. Su paso era rápido, inquieto, parecía ir buscando el portal para la entrega. Sus deportivas silenciaban sus pasos, pero el aroma de las pizzas dejó impregnado un trozo del camino.

La otra persona era una mujer de unos setenta años, que llevaba atado, con una correa de dos o tres metros, un perro pequeño. Y tenía una mirada inquisitiva. Cuando ella pasó por su lado, se le quedó mirando de arriba abajo, y tras sentir con la cabeza, siguió su paseo de árbol en árbol.

Tenía que cruzar la avenida, y al llegar a la tercera calle tomar la siguiente paralela. Aunque más que una calle, parecía ser una callejuela peatonal. El suelo estaba empedrado, y sólo una farola, con luz poco potente iluminaba el principio de esa vía.

Se dio prisa en atravesarla, las campanas de la torre del reloj comenzaban a marcar la hora. “Dong”, aceleró el paso; “dong”, miró el reloj; “dong”, su rostro reflejaba ansiedad; “dong”, sus pasos se convirtieron en zancadas. Comenzaba a correr. Quería llegar antes de que terminara el reloj de sonar.

“Dong”, era la última campanada. Otra farola iluminaba el lugar.

Un banco de madera acompañaba a la farola. Una barandilla justo delante. Un aroma a humedad impregnaba el aire.

Se sentó en el banco, mirando hacia delante, el mar a sus pies, y las estrellas sobre su cabeza.

¿Qué más puedo desear?

1 Comments:

Blogger dragonfly said...

:D Buenos días guapa!!
Es un relato, aunque corto, muy bonito. Es tan íntimo como la noche y transmite tanta calma como el mar...
Besos

9:05 AM  

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